martes, 12 de mayo de 2009

Lamentable (3-1)


El Real Murcia cayó en su visita al Heliodoro Rodríguez López y lo hizo ante un equipo que ve cada día más cerca la Primera División. El Club Deportivo Tenerife demostró el por qué de su situación en la tabla, pues sin hacer grandes méritos vio como el partido se le puso de cara en el primer tiempo y posteriormente, en la segunda mitad, quedó sentenciado gracias a dos jugadas de calidad realizadas en apenas dos minutos.
La disposición de José Miguel Campos, con Aquino como delantero bien arropado por una línea de cuatro medias puntas, dio resultado en los primeros minutos. El Real Murcia no pasaba problemas en defensa y salía al ataque aunque sin crear excesivo peligro, aunque sí tuvo que intervenir el meta local para cortar fuera del área un balón para el ‘10’ visitante. En la primera aproximación del Tenerife llegó el primer tanto de Alfaro. El futbolista andaluz remató con la cabeza, llegando desde atrás, un centro de Marc Bertrán.
A pesar del gol la dinámica del juego no cambió. Hasta el descanso siguió la misma tónica, con balones en el centro del campo, máximo tres cuartos, pero sin peligro en las metas defendidas por Luis García y Elía. Pero la situación dio un giro inesperado tras la reanudación. El cuadro dirigido por José Miguel Campos vio como en apenas dos minutos Alfaro y Juanlu batían en dos grandes jugadas a Elía.
Faltaban cerca de cuarenta minutos y lo peor parecía que estaba por llegar, pero el cuadro local se mostró impreciso en los metros finales. Si se produjo el gol grana, obra de Aquino y premio al esfuerzo realizado por el canterano en la punta del ataque. La relajación pudo costar cara al cuadro canario, pues el segundo tanto del Real Murcia pudo venir en una acción similar al primero, aunque en esta ocasión la defensa sacó el esférico a córner con el portero ya superado y estando Cuéllar a la espera para empujar el balón a la red.
Los minutos finales 'sobraron' pues ninguno estuvo acertado en el juego de ataque, hubo muchas impresiones y sólo sirvió para el disfrute de la parroquia local, que ve la máxima categoría a la vuelta de la esquina.

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